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Spanish by Choice/Novelas Cortas 13
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Novelas Cortas: Moros y Cristianos, pt. 2 Novelas Cortas 13
Introduction
Second part of the short story “Moros y Cristianos,” which appears in the book “Novelas Cortas” by Pedro Antonio de Alarcón with notes by W.F. Giese. LibriVox recording read by Karen Savage.
Novelas Cortas: Moros y Cristianos, pt. 2 Novelascortas 13 alarcon
Text
VI
En la más angosta de dichas callejuelas, y a la puerta de
una muy pobre, pero muy blanqueada casucha, estaba sentado
en el suelo, o más bien(186) sobre sus talones, fumando en pipa de
barro secado al sol, un moro de treinta y cinco a cuarenta años,
revendedor de huevos y gallinas, que le traían a las puertas de
Ceuta los campesinos independientes de Sierra-Bullones y
Sierra-Bermeja, y que él despachaba, a domicilio o en el mercado,
con una ganancia de ciento por ciento. Vestía chilava[86-2]
de lana blanca y jaique[86-3] de lana negra, y llamábase entre los
españoles Manos-gordas, y entre los marroquíes
Admet-ben-Carime-el-Abdoun.
Tan luego como el moro vió al maestro de capilla levantóse
y salió a su encuentro, haciéndole grandes zalemas; y, cuando
estuvieron ya juntos, díjole cautelosamente:
—¿Querer[86-4] morita? Yo traer mañana cosa meleja; de doce
años....
—Mi mujer no quiere más criadas moras....—respondió
el músico con inusitada dignidad.
Manos-gordas se echó a reír.
—Además...—prosiguió D. Bonifacio—tus endiabladas
moritas son muy sucias.
—Lavar....—respondió el moro, poniéndose en cruz[86-5] y
ladeando la cabeza.
—¡Te digo que no quiero moritas!—prosiguió D. Bonifacio.—Lo
que necesito hoy es que tú, que sabes tanto y que
por tanto saber eres intérprete de la plaza, me traduzcas al
español este documento.
Manos-gordas cogió el pergamino, y a la primera ojeada
murmuró:
—Estar moro....
—¡Ya lo creo que es árabe! Pero quiero saber qué dice,
y, si no me engañas, te haré un buen regalo... cuando se
realice el negocio que confio a tu lealtad.
A todo esto, Admet-ben-Carime había pasado ya la vista por
todo el pergamino y puéstose muy pálido.
—¿Ves que se trata de un gran tesoro?—medio afirmó,
medio interrogó el maestro de capilla.
—Creer que sí—tartamudeó el mahometano.
—¿Cómo creer? ¡Tu misma turbación lo dice!
—Perdona....—replicó Manos-gordas sudando a mares.[87-1]
—Haber aquí palabras de árabe moderno, y yo entender. Haber
otras de árabe antiguo o literario, y yo no entender.
—¿Qué dicen las palabras que entiendes?
—Decir oro, decir perlas, decir maldición de Alah[87-2]....
Pero yo no entender sentido, explicaciones ni señas. Necesitar
ver al derwich de Anghera, que estar sabio, y él traducir
todo. Llevarme yo pergamino hoy, y traer pergamino mañana,
y no engañar ni robar al señor Tudela. ¡Moro jurar!
Así diciendo, cruzó las manos, se las llevó a la boca[87-3] y las
besó fervorosamente.
Reflexionó D. Bonifacio: conoció que para descifrar aquel
documento tendría que fiarse de algún moro, y que ninguno le
era tan conocido ni tan afecto como Manos-gordas, y accedió
a dejarle el manuscrito, bien que bajo reiterados juramentos
de que al día siguiente estaría de vuelta de Anghera con la
traducción, y jurándole él, por su parte, que le entregaría lo
menos[87-4] cien duros cuando fuese descubierto el tesoro.
Despidiéronse el musulmán y el cristiano, y éste se dirigió,
no a su casa ni a la catedral, sino a la oficina de un amigo,
donde escribió la siguiente carta:
«SR. D. MATÍAS DE QUESADA Y SÁNCHEZ[88-1]
«Alpujarra, UGÍJAR.
«Mi queridísimo tío:
«Gracias a Dios que hemos tenido(187) noticias de usted y de tía
Encarnación, y que éstas son tan buenas como Josefa y yo
deseábamos. Nosotros, querido tío, aunque más jóvenes que
ustedes, estamos muy achacosos y cargados de diez hijos, que
pronto se quedarán huérfanos y pidiendo limosna.
«Se burló de usted quien le dijera que el pergamino que me
ha enviado contenía las señas de un tesoro. He hecho traducirlo
por persona muy competente, y ha resultado ser una sarta
de blasfemias contra Nuestro Señor Jesucristo, la Santísima
Virgen y los santos de la Corte celestial, escritas en versos árabes
por un perro morisco del marquesado del Cenet durante la
rebelión de Aben-Humeya.[88-2] En vista de semejante sacrilegio,
y por consejo del señor Penitenciario,[88-3] acabo de quemar tan impío
testimonio de la perversidad mahometana.
«Memorias a mi tía: recíbanlas ustedes de Josefa, y mande
algún socorro a su sobrino, que está en los huesos[88-4] por resultas
del pícaro dolor de estómago.
«BONIFACIO.
«CEUTA, 29 de Enero de 1821.»
VII
Al mismo tiempo que el maestro de capilla escribía la precedente
carta y la echaba al correo, Admet-ben-Carime-el-Abdoun
reunía en un envoltorio no muy grande todo su hato y
ajuar, reducidos a tres jaiques viejos, dos mantas de pelo de cabra,
un mortero para hacer alcuzcuz,[88-5] un candil[88-6] de hierro y una
olla de cobre llena de pesetas (que desenterró de un rincón del
patinillo de su casa); cargó con todo ello a su única mujer, esclava,
odalisca o lo que fuera, más fea que una mala noticia
dicha de pronto[89-1] y más sucia que la conciencia de su marido, y
salióse de Ceuta, diciendo al oficial de guardia de la puerta que
da(188) al campo moro que se iban a Fez[89-2] a mudar de aires por consejo
de un veterinario. Y como quiera que esta sea la hora,[89-3]
después de sesenta años y algunos meses de ausencia, que no se
haya vuelto a saber de Manos-gordas ni en Ceuta, ni en sus cercanías,
dicho se está[89-4] que D. Bonifacio Tudela y González no
tuvo el gusto de recibir de sus manos la traducción del pergamino,
ni al día siguiente, ni al otro, ni en toda su vida, que por
cierto debió de ser muy corta, puesto que de informes dignos
de crédito aparece que su adorada Pepita se casó en Marbella
en terceras nupcias con un tambor mayor asturiano, a quien hizo
padre de cuatro hijos como cuatro soles, y era otra vez viuda a
la muerte del Rey absoluto,[89-5] fecha en que ganó por oposición en
Málaga el destino de matrona aduanera.
Con que busquemos nosotros a Manos-gordas, y sepamos qué
fué de él y del interesante pergamino.
VIII
Admet-ben-Carime-el-Abdoun respiró alegremente, y aun
hizo alguna zapateta,[89-6] sin que por eso se le cayesen las mal aseguradas
zapatillas, tan luego como se vió fuera de los redoblados
muros de la plaza española y con toda el África[89-7] delante de
sí....
Porque África, para un verdadero africano como Manos-gordas,
es la tierra de la libertad absoluta; de una libertad anterior
y superior a todas las Constituciones e instituciones humanas;
de una libertad parecida a la de los conejos no caseros y
demás animales de monte, valle o arenal.
África, quiero decir, es la Jauja[89-8] de los malhechores, el seguro
de la impunidad, el campo neutral de los hombres y de las fieras,
protegido por el calor y la extensión de los desiertos. En
cuanto a los sultanes, reyes y beyes que presumen imperar en
aquella parte del mundo, y a las autoridades y mílites que los
representan, puede decirse que vienen a ser, para tales vasallos,
lo que el cazador para las liebres o para los corzos: un mal encuentro
posible, que muy pocos tienen en la vida, y en el cual
muere uno o no muere: si muere, tal día hizo un año;[90-1] y si no
muere, con poner mucha tierra por medio[90-2] no hay que pensar[90-3]
más en el asunto. Sirva esta digresión de advertencia a quien
la necesitare, y prosigamos nosotros nuestra relación.
—¡Toma aquí,[90-4] Zama!—dijo el moro a su cansada esposa,
como si hablase con una acémila.
Y, en lugar de dirigirse al Oeste, o sea hacia el Boquete de
Anghera, en busca del sabio santón, según había dicho a D.
Bonifacio, tomó hacia el Sur, por un barranquillo tapado de malezas
y árboles silvestres, que muy luego le llevó al camino de
Tetuán,[90-5] o bien a la borrosa vereda que, siguiendo las ondulaciones
de puntas y playas, conduce a Cabo-Negro por el valle
del Tarajar, por el de los Castillejos, por Monte-Negrón y por
las lagunas de Río-Azmir, nombres que todo español bien nacido
leerá hoy con amor y veneración, y que entonces no se habían
oído pronunciar todavía en España ni en el resto del mundo
civilizado.
Llegado que hubieron[90-6] ben-Carime[90-7] y Zama al vallecillo del
Tarajar, diéronse un punto de descanso a la orilla del arroyuelo
de agua potable que lo atraviesa, procedente de las alturas de
Sierra-Bullones; y en aquella tan segura y áspera soledad, que
parecía recién salida[90-8] de manos del Criador y no estrenada
todavía por el hombre; a la vista de un mar solitario, únicamente
surcado, tal o cual[90-9] noche de luna, por cárabos de piratas
o buques oficiales de Europa encargados de perseguirlos,
la mora se puso a lavarse y peinarse, y el moro sacó el manuscrito
y volvió a leerlo con tanta emoción como la primera
vez.
Decía así el pergamino árabe:
«La bendición de Alah sea con los hombres buenos que lean
estas letras.
«No hay más gloria que la de Alah, de quien Mahoma fué y
es, en el corazón de los creyentes, profeta y enviado.
«Los hombres que roban la casa del que está en la guerra o
en el destierro viven bajo la maldición de Alah y de Mahoma,
y mueren roídos de escarabajos y cucarachas.
«¡Bendito sea, pues, Alah, que crió estos y otros bichos para
que se coman[91-1] a los hombres malos!
«Yo soy el caid Hassan-ben-Jussef, siervo de Alah, aunque
malamente he sido llamado D. Rodrigo de Acuña por los sucesores
de los perros cristianos que, haciéndoles fuerza y violando
solemnes capitulaciones, bautizaron con una escoba, a guisa de
hisopo, a mis infortunados ascendientes y a otros muchos islamitas
de estos reinos.
«Yo soy capitán bajo el estandarte del que, desde la muerte
de Aben-Humeya,[91-2] titúlase legítimamente rey de los andaluces,
Muley-Abdalá-Mahamud-Aben-Aboó, el cual, si no está ya sentado
en el trono de Granada, es por la traición y cobardía con
que los moros valencianos han faltado a sus compromisos y juramentos,
dejando de alzarse al mismo tiempo que los moros
granadinos contra el tirano común; pero de Alah recibirán el
pago, y, si somos vencidos nosotros, vencidos serán también
ellos y expulsados a la postre de España, sin el mérito de haber
luchado hasta última hora en el campo del honor y en defensa
de la justicia; y, si somos vencedores, les cortaremos el pescuezo
y echaremos sus cabezas a los marranos.
«Yo soy, en fin, el dueño de esta Torre y de toda la tierra
que hay a su alrededor, hasta llegar por Occidente al barranco
del Zorro y por Oriente al de los Espárragos, el cual debe tal
nombre a los muchos y muy exquisitos que cultivó allí mi abuelo
Sidi-Jussef-ben-Jussuf.
«La cosa no anda bien. Desde que el mal nacido D. Juan
de Austria[91-3] (confúndalo Alah) vino a combatir contra os
creyentes, prevemos que por ahora vamos a ser derrotados, sin perjuicio
de que,[92-1] andando los años[92-2] o las centurias, otro Príncipe
de la sangre del Profeta venga a recobrar el trono de Granada,
que ha pertenecido setecientos[92-3] años a los moros, y volverá a
pertenecerles[92-4] cuando Alah quiera, con el mismo título con que
lo poseyeron antes vándalos y godos, y antes los romanos, y
antes aquellos otros africanos que se llamaban los cartagineses:[92-5]
¡con el título de la conquista! Pero conozco, vuelvo a decir,
que por la presente[92-6] la cosa anda mal, y que muy pronto tendré
que trasladarme a Marruecos con mis cuarenta y tres hijos,
suponiendo que[92-7] los austriacos no me cojan en la primera batalla
y me cuelguen de un alcornoque, como yo los colgaría a
todos ellos si pudiera.
«Pues bien:(189) al salir de esta Torre para emprender la última
y decisiva campaña dejo escondidos aquí, en sitio a que no
podrá llegar nadie sin topar primero con el presente manuscrito,
todo mi oro, toda mi plata, todas mis perlas; el tesoro de mi
familia; la hacienda de mis padres, mía y de mis herederos; el
caudal de que soy dueño y señor por ley divina y humana, como
es del ave la pluma que cría, o como son del niño los dientes que
echa con trabajo, o como son de cada mortal los malos humores
de cáncer o de lepra que hereda de sus padres.
«¡Detente, por tanto, oh tú, moro, cristiano o judío que, habiéndote
puesto a derribar esta mi casa, has llegado a descubrir
y leer los renglones que estoy escribiendo! ¡Detente, y respeta
el arca de tu prójimo![92-8] ¡No pongas la mano en su caudal!
¡No te apoderes de lo ajeno! Aquí no hay nada del
fisco, nada de dominio público, nada del Estado. El oro de
las minas podrá pertenecer a quien lo descubra, y una parte de
él al Rey del territorio. Pero el oro fundido y acuñado, el
dinero, la moneda, es de su dueño, y nada más que[92-9] de su dueño.
¡No me robes, pues, mal hombre! ¡No robes a mis descendientes,
que ya vendrán, el día que esté escrito,[92-10] a recoger su
herencia! Y si es que buenamente, por casualidad, encuentras
mi tesoro, te aconsejo que publiques edictos, llamando y notificando
el caso a los causa-habientes de Hassan-ben-Jussef; que
no es de hombres honestos[93-1] guardarse los hallazgos cuando estos
hallazgos tienen propietario conocido.
«Si así no lo hicieres, ¡maldito seas,[93-2] con la maldición de Alah
y con la mía! ¡Y pártate un rayo! ¡Y quiera Dios que cada
una de mis monedas se vuelva en tus manos un escorpión, y
cada perla un alacrán! ¡Y que mueran de lepra tus hijos, con
los dedos podridos y deshechos, para que no tengan ni tan siquiera[93-3]
el placer de rascarse! ¡Y que tu hija la mayor se escape
de tu casa con un judío! ¡Y que a ti te metan un palo
por el cuerpo, y te saquen asi a la vergüenza, teniéndote en
alto hasta que, con el peso de tu cuerpo, el palo salga por
encima de la coronilla y quedes patiabierto en el suelo, como
indecente rana atravesada por un asador!
«Ya lo sabes, y sépanlo todos, y bendito sea Alah, que es
Alah.
«Torre de Zoraya, en Aldeire del Cenet, a 15 días del mes de
Saphar del año de la egira[93-4] 968.
«HASSAN-BEN-JUSSEF.»
IX
Manos-gordas quedó profundamente preocupado con la nueva
lectura de este documento, no por las máximas morales y por
las espantosas maldiciones que contenía, pues el pícaro había
perdido la fe en Alah y en Mahoma de resultas de[93-5] su frecuente
trato con los cristianos y judíos de Tetuán y Ceuta, que, naturalmente,
se reían del Corán,[93-6] sino por creer que su cara, su
acento y algún otro signo musulmán de su persona le impedían
trasladarse a España, donde se vería expuesto a muerte segura
tan luego como cualquier cristiano o cristiana descubriese en él
a un enemigo de la Virgen María.
Además, ¿qué apoyo (a juicio de Manos-gordas) podría hallar
en las leyes ni en las autoridades de España un extranjero,
un mahometano, un semi-salvaje, para adquirir la Torre de Zoraya,
para hacer excavaciones en ella, para entrar en posesión
del tesoro o para no perderlo inmediatamente con la vida?
—¡No hay remedio!—díjose por remate de largas reflexiones.—¡Tengo
que confiarme al renegado ben-Munuza! Él es
español, y su compaña[94-1] me librará de todo peligro en aquella
tierra. Pero como no existe bajo la capa del cielo un hombre
de peor alma que el tal renegado, no me estará de más[94-2] tomar
algunas precauciones.
Y en virtud de esta cavilación sacó del bolsillo avíos de escribir,
redactó una carta, púsole el sobre, pególo con un poco de
pan mascado, y echóse a reír de una manera diabólica.
En seguida fijó los ojos en su mujer, que continuaba haciendo
la policía de todo un año a costa de la limpieza física y...
moral del malaventurado arroyuelo, y, llamándola por medio de
un silbido, dignóse hablarle de este modo:
—Cara de higo chumbo, siéntate a mi lado y óyeme....
Luego[94-3] acabarás de lavarte, que bien lo necesitas, y puede que[94-4]
entonces te juzgue merecedora de algo mejor que la paliza diaria
con que te demuestro mi cariño. Por de pronto,[94-5] sinvergüenzona,[94-6]
déjate de monadas y entérate bien de lo que voy a
decirte.
La mora, que, lavada y peinada, resultaba más joven y artística,
aunque no menos fea que antes, se relamió como una gata,
clavó en Manos-gordas los dos carbunclos que le servían de ojos,
y díjole, mostrando sus blanquísimos y anchos dientes, que nada
tenían de humanos:
—Habla, mi señor; que tu esclava sólo desea servirte.
Manos-gordas continuó:
—Si desde este momento en adelante llega a ocurrirme alguna
desgracia, o desaparezco del mundo sin haberme despedido de
ti, o, habiéndome despedido, no tienes noticias mías en seis
semanas, procura volver a entrar en Ceuta y echa esta carta al
correo. ¿Te has enterado bien, cara de mona?
Zama rompió a llorar, y exclamó:
—¡Admet! ¿Piensas dejarme?
—¡No rebuznes, mujer!—contestó el moro.—¿Quién habla
ahora de eso? ¡Demasiado sabes que me gustas y que me
sirves! Pero de lo que[95-1] ahora se trata es de que te hayas enterado
bien de mi encargo....
—¡Trae!—dijo la mora, apoderándose de la carta, abriéndose
el justillo y colocándola entre él y su gordo y pardo seno,
al lado del corazón.—Si algo malo llega a sucederte, esta carta
caerá en el correo de Ceuta, aunque después caiga yo en la
sepultura.
Aben-Carime sonrió humanamente al oír aquellas palabras, y
dignóse mirar a su mujer como a una persona.
X
Mucho y muy regaladamente debió de dormir aquella noche
el matrimonio agareno[95-2] entre los matorrales del camino, pues
no serían menos de las nueve de la siguiente mañana cuando
llegó al pie de Cabo-Negro.
Hay allí un aduar de pastores y labriegos árabes, llamado
«Medik», compuesto de algunas chozas, de un morabito o ermita
mahometana, y de un pozo de agua potable, con su brocal de
piedra y su acetre de cobre, como los que figuran en algunas
escenas bíblicas.
El aduar se hallaba completamente solo en aquel momento.
Todos sus habitantes habían salido ya con el ganado o con los
aperos de labor a los vecinos montes y cañadas.
—Espérame aquí...—dijo Manos-gordas a su mujer.—Yo
voy á buscar a ben-Munuza, que debe de hallarse al otro
lado de aquel cerro arando los pobres secanos que allí posee.
—¡Ben-Munuza!—exclamó Zama con terror.—¡El renegado
de quien me has dicho....
—Descuida....—interrumpió Manos-gordas.— ¡Hoy
puedo yo más que él! Dentro de un par de horas estaré de
vuelta, y verás cómo se viene[96-1] detrás de mí con la humildad de
un perro. Esta es su choza.... Aguárdanos en ella, y haznos
una buena ración de alcuzcuz[96-2] con el maíz y la manteca
que hallarás a mano. ¡Ya sabes que me gusta muy recocido![96-3]
¡Ah! Se me olvidaba(190).... Si ves que anochece y no he bajado,
sube tú; y si no me hallas en la otra ladera del cerro o
me hallas cadáver, vuélvete a Ceuta y echa la carta al correo....
Otra advertencia: suponiendo que sea mi cadáver lo que encuentres,
regístrame, a ver[96-4] si ben-Munuza me ha robado o no
este pergamino.... Si me lo ha robado, vuélvete de Ceuta a
Tetuán, y denuncia a las autoridades el asesinato y el robo.
¡No tengo más que decirte! Adiós.
La mora se quedó llorando a lágrima viva,(191) y Manos-gordas
tomó la senda que llevaba a la cumbre del inmediato cerro.
Notes
(The first figures refer to the original pages of text, and second figures to the reference figures in text).
86-2: chilava: a garment with a hood.
86-3: jaique: Arab cape with a hood.
86-4: Querer: do you wish? (The Moor's speech is ungrammatical.)
86-5: poniéndose en cruz: crossing his arms.
87-1: sudando a mares: (sweating seas) breaking out into a profuse
perspiration.
87-2: Alah: (or Alá): Allah (Arabic), God.
87-3: a la boca: cf. note se la, p. 4, 6.
87-4: lo menos: (for a lo menos) at least.
88-1: Quesada y Sánchez: cf. note Tudela y González, p. 82, 10.
88-2: Aben-Humeya: cf. same note, p. 76, 5.
88-3: Penitenciario: father-confessor.
88-4: está en los huesos: is reduced to mere skin and bones.
88-5: alcuzcuz: pellets of honey and flour, a favorite Moorish
dish.
88-6: candil: cf. note candil, p. 59, 2.
89-1: dicha de pronto: suddenly reported.
89-2: Fez: a large inland city of Morocco, south of Tangier.
89-3: como quiera que esta sea la hora... que no se haya vuelto a
saber de Manos-Gordas: inasmuch as up to the present hour no one
has ever heard anything more of Manos-Gordas.
89-4: dicho se está: it remains said or settled.
89-5: Rey absoluto: Fernando VII (cf. note p. 34, 5).
89-6: zapateta: the striking together of the feet, or of foot and
hand, in dancing.
89-7: toda el África: cf. note al ave, p. 25, 3.
89-8: Jauja: "fool's Paradise."
90-1: tal día hizo (or hará) un año: (expression of
indifference or unconcern) it's no great matter.
90-2: con poner mucha tierra por medio: by going a long way off.
90-3: no hay que pensar: cf. note lo que hay que hacer, p. 12, 4.
90-4: Toma aquí: go this way.
90-5: Tetuán: city of Morocco, south of Ceuta.
90-6: Llegado que hubieron: cf. note echado que hubo, p. 1, 3.
90-7: ben-Carime: cf. note Aben Humeya, p. 76, 5.
90-8: recién salida: cf. note recién llegado, p. 73, 2.
90-9: tal o cual: this or that, some... or other.
91-1: se coman: cf. note lo que me digo, p. 7, 5.
91-2: Aben-Humeya: cf. note p. 76, 5.
91-3: Don Juan de Austria: a natural son of the Emperor Charles V,
suppressed an insurrection of the Moors in Granada (1570) and later
Footnote: won the battle of Lepanto, where he crushed the Turkish
armament. Cervantes, the author of Don Quixote, served under him in
this battle.
92-1: sin perjuicio de que: cf. same note, p. 64, 11.
92-2: andando los años: cf. note escrita la carta, p. 83, 5.
92-3: setecientos: it will be observed that in this and other
compounds of siete, ie reverts to the original etymological e in
accordance with the general rule operating through the whole Spanish
vocabulary that e changes to ie, and o to ue, only in the
accented syllable.
92-4: volverá a pertenecerles: it is said that some of the African
Moors still preserve the title deeds to their Andalusian estates and
even the keys of the houses, to which they hope to return.
92-5: los cartagineses: The Carthaginian influence predominated in
Spain for several centuries till the end of the second Punic war in 201
B.C.; the Roman domination extended over several centuries from that
date. The Vandals and Goths ruled in Spain from the fifth to the eighth
century and the Moors from the eighth to the fifteenth.
92-6: por la (or lo or el) presente: at the present time.
92-7: suponiendo que: assuming that.
92-8: prójimo: (noun) one's neighbor, fellow-man; próximo -a
(adj.) next, nearest, neighboring.
92-9: nada más que: solely.
92-10: escrito: written (in the book of Destiny). Fatalism and
predestination are essential tenets of Mohammedanism.
93-1: no es de hombres honestos: it is not (the characteristic) of
honorable men, i.e. it does not befit good men.
93-2: maldito seas: cf. same note, p. 9, 4.
93-3: ni tan siquiera: cf. same note, p. 78, 9.
93-4: egira: (or égira or hégira) the year of Mohammed's flight
from Mecca (622 A.D.), from which the Mohammedans reckon
chronologically.
93-5: de resultas de: as a result of.
93-6: Corán: Coran or Koran (the Mohammedan Bible).
94-1: compaña: an obsolescent form of compañía.
94-2: no me estará de más: it will not be superfluous.
94-3: Luego: presently.
94-4: puede que: cf. same note, p. 81, 6.
94-5: por de pronto: cf. same note, p. 81, 2.
94-6: sinvergüenzona: shameless creature. (Augmentative form of
sin vergüenza.)
95-1: de lo que: cf. note por lo que, p. 30, 4.
95-2: agareno: Mohammedan. Originally applied to those who were
supposed to descend from Hagar, as opposed to Saracen, a superior
class, claiming descent from Sarah, the wife of Abraham. Vide Book
of Genesis.
96-1: se viene: he will come along. The reflexive pronoun, so
common with verbs of motion, is redundant. For tense cf. note me
matan, p. 3, 1.
96-2: alcuzcuz: cf. same note, p. 88, 5.
96-3: muy recocido: thoroughly cooked.
96-4: a ver: (= para ver). The preposition a, introducing an
infinitive expressing purpose, is regularly used after verbs of motion
like ir, venir, etc.
Idiomatic Commentary
186. El libro, o más bien manuscrito. — The book, or rather manuscript.
(Review 157, 28, 80, 66, 70, 178, 60).
(Review 137, 57, 181).
187. He tenido noticias. — I have received news.
(Review 79, 59, 113, 93, 68, 76, 42).
188. La ventana da al jardín. — The window opens on the garden.
(Review 81,104,41,75,116,185,9,31,12).
(Review 7, 106, 29, 47, 99).
(Review 61, 12, 53, 31, 16, 40, 2, 99).
189. Pues bien, que venga (cf. 72). — Well then, let him come.
(Review 64, 21).
(Review 66, 179, 8, 22, 96, 167, 60).
(Review 12, 181, 40, 28, 59, 119).
(Review 48, 27, 168, 15, 155).
190. Se le olvidaba. — He was forgetting.
191. Lloraba a lágrima viva — He was weeping bitterly.
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