411 REFERENCE · Wikibooks
Spanish by Choice/Novelas Cortas 06
Reference material by Wikibooks contributors. This retains its source identity and is not 411 news reporting.
Novelas Cortas: Las Dos Glorias Novelas Cortas 06
Introduction
The short story “Las Dos Glorias” appears in the book “Novelas Cortas” by Pedro Antonio de Alarcón with notes by W.F. Giese. LibriVox recording read by Karen Savage.
Novelas Cortas: Las Dos Glorias Novelascortas 06 alarcon
Text
Un día que el célebre pintor flamenco Pedro Pablo Rubens[26-1]
andaba recorriendo los templos de Madrid acompañado de sus
afamados discípulos, penetró en la iglesia de un humilde convento,
cuyo nombre no designa la tradición.
Poco o nada encontró que(100) admirar el ilustre artista en aquel
pobre y desmantelado templo, y ya se marchaba renegando,
como solía, del mal gusto de los frailes de Castilla la Nueva,[26-2]
cuando reparó en cierto cuadro medio oculto en las sombras
de feísima capilla;[26-3] acercóse a él, y lanzó una exclamación
de asombro.
Sus discípulos le rodearon al momento,[26-4] preguntándole:
—¿Qué habéis encontrado, maestro?
—¡Mirad!—dijo Rubens señalando, por toda contestación,
al lienzo que tenía delante.[26-5]
Los jóvenes quedaron tan maravillados como el autor del
Descendimiento.[26-6]
Representaba aquel cuadro la Muerte de un religioso.— Era
éste muy joven, y de una belleza que ni la penitencia ni la agonía
habían podido eclipsar, y hallábase tendido sobre los ladrillos
de su celda, velados ya los ojos por la muerte, con una mano
extendida sobre una calavera, y estrechando con la otra, a su
corazón, un crucifijo de madera y cobre.
En el fondo del lienzo se veía pintado otro cuadro, que
figuraba estar colgado[26-7] cerca del(101) lecho de que se suponía haber
salido el religioso para morir con más humildad sobre la dura
tierra.
Aquel segundo cuadro representaba a una difunta, joven
hermosa, tendida en el ataúd entre fúnebres cirios y negras y
suntuosas colgaduras....
Nadie hubiera podido mirar estas dos escenas, contenida la
una en la otra, sin comprender que se explicaban y completaban
recíprocamente. Un amor desgraciado, una esperanza
muerta, un desencanto de la vida, un olvido eterno del mundo:
he aquí el poema misterioso que se deducía de los dos ascéticos
dramas que encerraba aquel lienzo.
Por lo demás, el color, el dibujo, la composición, todo revelaba
un genio de primer orden.
—Maestro, ¿de quién puede ser esta magnífica obra?—preguntaron
a Rubens sus discípulos, que ya habían alcanzado
el cuadro.
—En este ángulo ha habido un nombre escrito (respondió
el maestro); pero hace muy pocos meses que ha sido borrado.—En
cuanto a la pintura, no tiene arriba de treinta años, ni
menos de veinte.
—Pero el autor....
—El autor, según el mérito del cuadro, pudiera ser Velazquez,[27-1]
Zurbarán, Ribera, o el joven Murillo, de quien tan prendado
estoy.... Pero Velazquez no siente de este modo.
Tampoco es Zurbarán, si atiendo al color y a la manera de ver
el asunto. Menos aún debe atribuirse a Murillo ni a Ribera:
aquél(102) es más tierno, y éste es más sombrío; y, además, ese
estilo no pertenece ni a la escuela del uno ni a la del otro. En
resumen: yo no conozco al autor de este cuadro, y hasta juraría
que no he visto jamás obras suyas.—Voy más lejos: creo que
el pintor desconocido, y acaso ya muerto, que ha legado al
mundo tal maravilla,[27-2] no perteneció a ninguna escuela, ni ha
pintado más cuadro que éste, ni hubiera podido pintar otro que
se le acercara en mérito.... Ésta es una obra de pura inspiración,
un asunto propio,[27-3] un reflejo del alma, un pedazo de la
vida.... Pero.... ¡Qué idea!—¿Queréis saber quién ha
pintado ese cuadro?—¡Pues lo ha pintado ese mismo muerto
que veis en él!
—¡Eh! Maestro.... ¡Vos[27-4] os burláis!
—No: yo me entiendo....
—Pero ¿cómo concebís que un difunto haya podido pintar
su agonía?
—¡Concibiendo que un vivo pueda adivinar o representar su
muerte!—Además, vosotros sabéis que profesar de veras[28-1] en
ciertas Órdenes religiosas es morir.
—¡Ah! ¿Creéis vos?...
—Creo que aquella mujer que está de cuerpo presente[28-2] en el
fondo del cuadro era el alma[28-3] y la vida de este fraile que agoniza
contra el suelo; creo que, cuando ella murió, él se creyó
también muerto, y murió efectivamente para el mundo; creo,
en fin, que esta obra, más que el último instante de su héroe o
de su autor (que indudablemente son una misma persona),
representa la profesión de un joven desengañado de alegrías
terrenales....
—¿De modo que puede vivir todavía?...
—¡Sí, señor, que puede[28-4] vivir! Y como la cosa tiene fecha,
tal vez(103) su espíritu se habrá serenado[28-5] y hasta regocijado, y el
desconocido artista sea ahora un viejo muy gordo y muy
alegre....—Por todo lo cual ¡hay que(104) buscarlo! Y, sobre
todo, necesitamos averiguar si llegó a pintar más
obras....—Seguidme.
Y así diciendo, Rubens se dirigió a un fraile que rezaba en
otra capilla y le preguntó con su desenfado habitual:
—¿Queréis decirle al Padre Prior que deseo hablarle de
parte del Rey?
El fraile, que era hombre de alguna edad, se levantó trabajosamente,
y respondió con voz humilde y quebrantada:
—¿Qué me queréis?—Yo soy el Prior.
—Perdonad, padre mío, que interrumpa vuestras oraciones
(replicó Rubens). ¿Pudierais decirme quién es el autor de
este cuadro?
—¿De ese cuadro? (exclamó el religioso.) ¿Qué pensaría
V. de mí si le contestase que no me acuerdo?
—¿Cómo? ¿Lo sabíais, y habéis podido olvidarlo?
—Sí, hijo mío, lo he olvidado completamente.
—Pues, padre... (dijo Rubens en són de burla[29-1] procaz),
¡tenéis muy mala memoria!
El Prior volvió a arrodillarse sin hacerle caso.(105)
—¡Vengo en nombre del Rey!—gritó el soberbio y mimado
flamenco.
—¿Qué más queréis, hermano mío?—murmuró el fraile,
levantando lentamente la cabeza.
—¡Compraros[29-2] este cuadro!
—Ese cuadro no se vende.
—Pues bien: decidme dónde encontraré a su autor....—Su
Majestad deseará conocerlo, y yo necesito abrazarlo, felicitarlo...,
demostrarle mi admiración y mi cariño....
—Todo eso es también irrealizable....—Su autor no está
ya(106) en el mundo.
—¡Ha muerto!—exclamó Rubens con desesperación.
—¡El maestro decía bien! (pronunció uno de los jóvenes.)
Ese cuadro está pintado por un difunto....
—¡Ha muerto!... (repitió Rubens.) ¡Y nadie lo ha conocido!
¡Y se ha olvidado su nombre!—¡Su nombre, que
debió ser inmortal![29-3] ¡Su nombre, que hubiera eclipsado el
mío!—Sí; el mío..., padre.... (añadió el artista con
noble orgullo.) ¡Porque habéis de saber[29-4] que yo soy Pedro Pablo
Rubens!
A este nombre, glorioso en todo el universo, y que ningún
hombre consagrado a Dios desconocía ya, por ir unido[29-5] a cien
cuadros místicos, verdaderas maravillas del arte, el rostro pálido
del Prior se enrojeció súbitamente, y sus abatidos ojos se clavaron
en el semblante del extranjero con tanta veneración
como sorpresa.
—¡Ah! ¡Me conocíais! (exclamó Rubens con infantil satisfacción.)
¡Me alegro en el alma! ¡Así seréis menos fraile
conmigo!—Conque... ¡vamos![29-6] ¿Me vendéis el cuadro?
—¡Pedís un imposible!—respondió el Prior.
—Pues bien: ¿sabéis de alguna otra obra de ese malogrado
genio? ¿No podréis recordar su nombre? ¿Queréis decirme
cuándo murió?
—Me habéis comprendido mal.... (replicó el fraile.)—Os
he dicho que el autor de esa pintura no pertenece al mundo;
pero esto no significa precisamente que haya muerto....
—¡Oh! ¡Vive! ¡vive! (exclamaron todos los pintores.)
¡Haced que lo conozcamos!
—¿Para qué? ¡El infeliz ha renunciado a todo lo de la
tierra! ¡Nada tiene que ver(107) con los hombres!... ¡nada!...—Os
suplico, por tanto, que lo dejéis morir en paz.
—¡Oh! (dijo Rubens con exaltación.) ¡Eso no puede ser,
padre mío! Cuando Dios enciende en un alma[30-1] el fuego sagrado
del genio, no es para que esa alma se consuma en la soledad,
sino para que cumpla su misión sublime de iluminar el alma de
los demás hombres. ¡Nombradme el monasterio en que se oculta
el grande artista,[30-2] y yo iré a buscarlo y lo devolveré al siglo[30-3]
—¡Oh! ¡Cuánta gloria le espera!
—Pero... ¿y si la rehusa?—preguntó el Prior tímidamente.
—Si la rehusa acudiré al Papa, con cuya amistad me honro,
y el Papa lo convencerá mejor que yo.
—¡El Papa!—exclamó el Prior.
—¡Sí, padre; el Papa!—repitió Rubens.
—¡Ved por lo que[30-4] no os diría el nombre de ese pintor
aunque lo recordase! ¡Ved por lo que(108) no os diré a qué convento
se ha refugiado!
—Pues bien, padre, ¡el Rey y el Papa os obligarán á decirlo!
(respondió Rubens exasperado.)—Yo me encargo de que así
suceda.
—¡Oh! ¡No lo haréis! (exclamó el fraile.)—¡Haríais muy
mal, señor Rubens!—Llevaos[30-5] el cuadro si queréis; pero dejad
tranquilo al que descansa.—¡Os hablo en nombre de Dios!—
¡Sí! Yo he conocido, yo he amado, yo he consolado, yo he
redimido, yo he salvado de entre las olas de las pasiones y las desdichas,
náufrago y agonizante, a ese grande hombre, como vos
decis, a ese infortunado y ciego mortal, como yo le llamo; olvidado[31-1]
ayer de Dios y de sí mismo, hoy cercano a la suprema
felicidad!...—¡La gloria!...—¿Conocéis alguna mayor
que aquélla a que él aspira? ¿Con qué derecho queréis resucitar
en su alma los fuegos fatuos de las vanidades de la tierra,
cuando arde en su corazón la pira inextinguible de la caridad?—¿Creéis
que ese hombre, antes de dejar el mundo, antes de
renunciar a las riquezas, a la fama, al poder, a la juventud, al
amor, a todo lo que desvanece a las criaturas, no habrá sostenido
ruda batalla con su corazón? ¿No adivináis los desengaños y
amarguras que lo llevarían[31-2] al conocimiento de la mentira de
las cosas humanas?—Y ¿queréis volverlo a la pelea cuando ya
ha triunfado?
—Pero ¡eso es renunciar a la inmortalidad!—gritó Rubens.
—¡Eso es aspirar a ella!
—Y ¿con qué derecho os interponéis vos entre ese hombre
y el mundo?—¡Dejad que le hable, y él decidirá!
—Lo hago con el derecho de un hermano mayor, de un
maestro, de un padre; que todo esto soy para él.... ¡Lo hago
en el nombre de Dios, os vuelvo a decir!—Respetadlo...,
para bien de vuestra alma.
Y, así diciendo, el religioso cubrió su cabeza con la capucha
y se alejó a lo largo del templo.[31-3]
—Vámonos[31-4] (dijo Rubens.) Yo sé lo que me toca(109) hacer.
—¡Maestro! (exclamó uno de los discípulos, que durante la
anterior conversación había estado mirando alternativamente al
lienzo y al religioso.) ¿No creéis, como yo, que ese viejo frailuco
se parece muchísimo al joven que se muere en este cuadro?
—¡Calla![31-5] ¡Pues es verdad!—exclamaron todos.
—Restad las arrugas y las barbas, y sumad los treinta años
que manifiesta la pintura, y resultará que el maestro tenía
razón(110) cuando decía que ese religioso muerto era a un mismo tiempo
retrato y obra de un religioso vivo.—Ahora bien:(111) ¡Dios me
confunda si ese religioso vivo no es el Padre Prior!
Entretanto Rubens, sombrío, avergonzado y enternecido profundamente,
veía alejarse al anciano, el cual lo saludó cruzando
los brazos sobre el pecho poco antes de desaparecer.
—¡Él era..., sí!... (balbuceó el artista.)—¡Oh!...
Vamonos.... (añadió volviéndose a sus discípulos.) ¡Ese
hombre tenía razón! ¡Su gloria vale más que la mía!— ¡Dejémoslo
morir en paz!
Y dirigiendo una última mirada al lienzo que tanto le había
sorprendido, salió del templo y se dirigió a Palacio,[32-1] donde lo
honraban SS. MM. teniéndole a la mesa.[32-2]
Tres días después volvió Rubens, enteramente solo, a aquella
humilde capilla, deseoso de contemplar de nuevo(112) la maravillosa
pintura, y aun de hablar otra vez(113) con su presunto autor.
Pero el cuadro no estaba ya en su sitio.
En cambio se encontró con que[32-3] en la nave principal del templo
había un ataúd en el suelo, rodeado de toda la comunidad,
que salmodiaba el Oficio de difuntos....
Acercóse a mirar el rostro del muerto, y vió que era el Padre
Prior.
—¡Gran pintor fué!... (dijo Rubens, luego que la sorpresa
y el dolor hubieron cedido lugar a otros sentimientos.)—¡Ahora
es cuando más se parece a su obra!
Madrid, 1858.
Notes
(The first figures refer to the original pages of text, and second figures to the reference figures in text).
26-1: Pedro Pablo Rubens: Peter Paul Rubens, the great Flemish
painter (1577-1640). He enjoyed much royal patronage, and consequently
much of his work is now in the galleries of Spain and France.
26-2: Castilla la Nueva: the southern portion of the province of
Castile, in central Spain, the northern portion being called Castilla
la Vieja.
26-3: de feísima capilla: una is understood before feísima.
26-4: al momento: instantly.
26-5: delante: in front (of himself).
26-6: Descendimiento: descent (from the cross).
26-7: que figuraba estar colgado: which was represented as being
hung.
27-1: Velázquez, etc.: this list includes the greatest names in the
history of Spanish painting. They were all contemporaries, though
Murillo (1618-1682) was considerably younger than the others.
27-2: tal maravilla: such a marvel. Observe the frequent omission
of the indefinite article before tal. Cf. note a otro, p. 10, 1, and
also un tal García, p. 33, 4.
27-3: propio: personal.
27-4: Vos: you (singular). It is used nominatively and after
prepositions, taking a verb in the second person plural. It is more
formal than tú and less so than usted.
28-1: de veras: cf. note con todas las veras, p. 4, 7.
28-2: está de cuerpo presente: is lying in state.
28-3: el alma: cf. note al ave, p. 25, 3.
28-4: que puede: que is redundant.
28-5: se habrá serenado: cf. note no habría andado, p. 8, 6.
29-1: en son de burla: by way of a jest. Cf. note haga són, p.
25, 5.
29-2: compraros: to buy of you. Cf. note tomado a este hombre,
p. 4, 3.
29-3: inmortal: observe the variation from the English form, as in
Spanish c and n are the only consonants doubled. The Spanish
equivalents of English words with initial imm are written inm.
29-4: habéis de saber: cf. note había de conocer, p. 3, 4.
29-5: por ir unido: because of its being associated.
29-6: ¡vamos!: cf. note vamos, p. 5, 11.
30-1: un alma: cf. note al ave, p. 25, 3.
30-2: el grande artista: the apocopated form gran, usual before
initial consonants, is not favored before vowels.
30-3: siglo: world (lit. cycle, century). Cf. English use of
secular.
30-4: por lo que: a preposition that logically divides lo que is
regularly prefixed.
30-5: Llevaos: observe the dropping of final d when os is
suffixed.
31-1: olvidado: oblivious. A number of past participles are
employed with the value of present participial adjectives. Cf.
divertido, amusing.
31-2: llevarían: must have brought. Cf. note no habría andado,
p. 8, 6.
31-3: a lo largo del templo: (the length of the church) down one
of the longitudinal aisles.
31-4: vámonos: observe the dropping of the final s of the first
person plural when nos is suffixed.
31-5: ¡Calla!; What! A number of imperative verb-forms are used
with the value of mere interjections. Cf. note vamos, p. 5, 11.
32-1: Palacio: cf. note Palacio, p. 14, 7.
32-2: teniéndole a la mesa: inviting him to dinner.
32-3: se encontró con que: cf. note me encontré con que, p. 25,
4.
Idiomatic Commentary
100. No encuentra nada que admirar. — He finds nothing to admire.
101. Cerca del lecho. — Near the bed.
(Review 77, 23, 14, 81, 9, 47, 18).
102. Aquél es desgraciado, — The former is wretched,
éste es feliz. — the latter is happy.
(Review 15, 61, 97, 89).
103. Tal vez. — Perhaps.
104. Hay que hacerlo. — It is necessary to do it.
(Review 12, 9, 98).
105. No le hizo caso. — He paid no attention to him.
106. No está ya en el mundo. — He is no longer in the world.
Ya no está aquí. — He is no longer here.
(Review 23, 27, 7).
107. No tengo nada que ver con él. — I have nothing to do with him.
108. He aquí en lo que piensa. — That is what he is thinking of.
Eso es de lo que hablaba. — That is what he was talking of.
(Review 1, 15, 12, 79, 82, 46).
109. Le tocó hablar primero. — It fell to him to speak first.
Me toca hacer esto. — It is my duty to do this.
110. Mi mujer siempre tenía razón. — My wife was always right.
(Review 1, 78, 106, 80, 62, 46).
111. Ahora bien. — Now then!
112. Lo hice de nuevo. — I did it again.
113. Lo hizo otra vez. — He did it a second time.
(Review 39, 15, 61).
Spanish by Choice Novelas Cortas 05 Novelas Cortas 06 Novelas Cortas 07