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Spanish by Choice/Novelas Cortas 08
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Novelas Cortas: ¡Viva el Papa! pt. 1 Novelas Cortas 08
Introduction
First part of the short story “¡Viva el Papa!,” which appears in the book “Novelas Cortas” by Pedro Antonio de Alarcón with notes by W.F. Giese. LibriVox recording read by Karen Savage.
Novelas Cortas: ¡Viva el Papa! pt. 1 Novelascortas 08 alarcon
Text
I
El tierno episodio que voy a referir es rigurosamente histórico,
como los anteriores y como los siguientes; pero no ya sólo
por la materia, sino también por la forma.—Vivo está quien lo
cuenta, como suele decirse..., y entiéndase que quien le
cuenta no soy yo; es un Capitán retirado que dejó el servicio
en 1814.
Hoy no soy escritor; soy mero amanuense: no os pido, pues,
admiración ni indulgencia, sino que me creáis a puño cerrado.[43-1]
Para invención, el asunto es de poca monta; y luego pertenece
a un género en que yo no me tomaría el trabajo de inventar
nada....
Presumo de liberal,[43-2] y un pobre Capitán retirado me ha conmovido
profundamente contándome los sinsabores... políticos
de un Papa muy absolutista....
Mi objeto es conmoveros hoy a vosotros con su misma
relación, a fin de que el número de los derrotados cohoneste
mi derrota.
Habla mi Capitán.
II
Uno de los más calurosos días del mes de Julio de 1809, y
¡cuidado que[43-3] aquel dichoso año hizo calor! a eso de las diez
de la mañana, entrábamos en Montelimart, villa o ciudad del
Delfinado,[43-4] que lo que sea no lo sé,[43-5] ni lo he sabido
nunca, y maldita la falta[44-1] que me hacía saber que existía
tal Francia en el mundo....
—¡Ah! ¿Conque era en Francia?...
—Pues ¡hombre![44-2] ¡Me gusta! ¿Dónde está el Delfinado
sino en Francia?—Y no crean ustedes que ahí, en la frontera...,
sino muy tierra adentro,[44-3] más cerca del Piamonte[44-4] que de
España....
—¡Siga V...., Capitán! Los niños... que aprendan[44-5]
en la escuela....—Y tú, ¡a ver si[44-6] te callas, Eduardito!
—Pues como digo, entrábamos en Montelimart, ahogados
de calor y polvo, y rendidos[44-7] de caminar a pie(143) durante tres semanas,
veintisiete[44-8] oficiales españoles que habíamos caído prisioneros
en Gerona[44-9].... Mas no creáis[44-10] que en la capitulación
de la plaza, sino en una salida que hicimos pocos días antes, a
fin de(144) estorbar unas obras en el campamento francés.... Pero
esto no hace al caso.(145) Ello es[44-11] que nos atraparon y nos llevaron
a Perpiñán,[44-12] desde donde nos destinaron a Dijon[44-13].... Y
ahí tienen Vds. el por qué[44-14] de lo que voy a referir.
Pues, señor, como uno se acostumbra a todo, y el Emperador
nos pasaba[44-15] diez reales diarios durante el viaje—que íbamos
haciendo a jornadas militares de tres o cuatro leguas,—y nadie
nos custodiaba, porque cada uno de nosotros había respondido
con su cabeza de que no desertarían los demás, y veintisiete
españoles juntos no se han aburrido nunca, sucedía que, sin embargo
del[44-16] calor, de la fatiga y de no saber ni una palabra de
francés, pasábamos muchos ratos divertidos,[44-17] sobre todo desde
las once de la mañana hasta las siete de la tarde, horas que permanecíamos
en las poblaciones del tránsito; pues las jornadas
las hacíamos de noche con la fresca.... A ver, Antonio,
enciéndeme esta pipa.
Montelimart....—¡Bonito pueblo!...—El café está en
una calle cerca de la Plaza, y en él entramos a refrescarnos, es
decir, a evitar el sol... (pues los bolsillos no se prestaban a
gollerías), en tanto que[44-18] tres de nuestros compañeros
iban a ver al Prefecto[45-1] para que nos diese las boletas de
alojamiento,[45-2] que en Francia se llaman mandat....
No sé si el café estará todavía como entonces estaba. ¡Han
pasado cuarenta y cuatro años! Recuerdo que a la izquierda[45-3]
de la puerta había una ventana de reja,[45-4] con cristales, y delante
una mesa a la cual nos sentamos algunos de los oficiales, entre
ellos C...., que ha sido diputado a Cortes[45-5] por Almería[45-6] y
murió el año pasado(146)....—Ya veis que esto es cosa que puede
preguntarse.[45-7]
—Pues ¿no dice V. que ha muerto?
—¡Hombre! Supongo que C.... se lo habrá contado[45-8] a
su familia—respondió el Capitán, escarbando la pipa con la
uña.
—¡Tiene V. razón, Capitán!—Siga V....; el que no lo
crea, que[45-9] lo busque.
—¡Bien hablado, hijo mío!—Pues, como íbamos diciendo,
sentados estábamos a la mesa del café, cuando vimos correr
mucha gente por la calle, y oímos una gritería espantosa....
Pero como la gritería era en francés, no la entendimos.
—Le Pape![45-10] Le Pape! Le Pape!...—decían los muchachos
y las mujeres, levantando las manos al cielo, en tanto
que todos los balcones se abrían y llenaban de gente, y los
mozos del café y algunos gabachos que jugaban al billar se lanzaban
a la calle con un palmo de boca abierta,[45-11] como si oyeran
decir que el sol se había parado.
—¡Pues parado está, papá abuelo![45-12]
—¡Cállese V. cuando hablan los mayores! ¡A ver[45-13]... el
deslenguado!
—No haga V. caso, Capitán.... ¡Estos niños de
ahora!...
—Toma[45-14].... ¡Y si está parado[45-15]!...—murmuró el
muchacho entre dientes.
—Le Pape! Le Pape! ¿Qué significa esto?—nos preguntamos
todos los oficiales.
Y cogiendo a uno de los mozos del café, le dimos a entender(147)
nuestra curiosidad.
El mozo tomó dos llaves; trazó con las manos una especie
de morrión sobre su cabeza; se sentó en una silla, y dijo:
—Le Pontife![46-1]
—¡Ah!... (dijo C....—que era el más avisado de
nosotros.—¡Por eso fué luego diputado a Cortes!)—¡El
Pontífice! ¡El Papa!
—Oui, monsieur. Le Pape! Pie sept.[46-2]
—¡Pío VII[46-3]!... ¡El Papa!... (exclamamos nosotros,
sin atrevernos a creer lo que oíamos.) ¿Qué hace el
Papa en Francia? Pues ¿no está el Papa en Roma? ¿Viajan
los Papas? ¿El Papa en Montelimart?
No extrañéis nuestro asombro, hijos míos.... En aquel
entonces[46-4] todas las cosas tenían más prestigio que hoy.—No
se viajaba tan fácilmente, ni se publicaban tantos periódicos.—Yo
creo que en toda España no había más que uno, tamaño
como un recibo de contribución.[46-5]—El Papa era para nosotros
un sér[46-6] sobrenatural..., no un hombre de carne y hueso....—¡En
toda la tierra no había más que un Papa!... Y en
aquel tiempo era la tierra mucho más grande que hoy.... ¡La
tierra era el mundo..., y un mundo lleno de misterios, de
regiones desconocidas, de continentes ignorados!—Además,
aun sonaban en nuestros oídos aquellas palabras de nuestra
madre y de nuestros maestros: «El Papa es el Vicario de
Jesucristo; su representante en la tierra; una autoridad
infalible, y lo que desatare o atare aquí, remanecerá atado o
desatado en el cielo....»
Creo haberme explicado.—Creo que habréis comprendido
todo el respeto, toda la veneración, todo el susto que experimentaríamos
aquellos pobres españoles del siglo pasado, al oír
decir que el Sumo Pontífice estaba en un villorrio de Francia y
que íbamos a verle!
Efectivamente: no bien salimos del café, percibimos allá,
en la Plaza (que como os he dicho estaba cerca), una empolvada
silla de posta, parada delante de una casa de vulgar
apariencia y custodiada por dos gendarmes de caballería,
cuyos desnudos sables brillaban que era un contento[47-1]....
Más de quinientas personas había alrededor del carruaje,
que examinaban con viva curiosidad, sin que se opusiesen a
ello los gendarmes, quienes, en cambio,[47-2] no permitían al público
acercarse a la puerta de aquella casa, donde se había
apeado Pío VII mientras mudaban el tiro de caballos....
—Y ¿qué casa era aquélla, abuelito? ¿La del Alcalde?
—No, hijo mío.—Era el Parador de diligencias.
A nosotros, como a militares que éramos, nos tuvieron un
poco más de consideración los gendarmes, y nos permitieron
arrimarnos a la puerta.... Pero no así pasar el umbral.
De cualquier modo, pudimos ver perfectamente el siguiente
grupo, que ocupaba uno de los ángulos de aquel portal u
oficina.
Dos ancianos..., ¿qué digo? dos viejos decrépitos, cubiertos
de sudor y de polvo, rendidos de fatiga, ahogados de
calor, respirando apenas, bebían agua en un vaso de vidrio,
que el uno pasó al otro después de mediarlo. Estaban sentados
en sillas viejas de enea. Sus trajes talares, blanco el uno,
y el otro de color de púrpura, hallábanse tan sucios y ajados
por resultas de aquella larga caminata, que más parecían humildes
ropones de peregrinos, que ostentosos hábitos de príncipes
de la Iglesia....
Ningún distintivo podía revelarnos cuál era Pío VII (pues
nada entendíamos nosotros de trajes cardenalicios ni pontificales),
pero todos dijimos a un tiempo:
—¡Es el más alto! ¡El de las blancas vestiduras!
Y ¿sabéis por qué lo dijimos? Porque su compañero lloraba
y él no; porque su tranquilidad revelaba que él era mártir;
porque su humildad denotaba que él era el Rey.
En cuanto a su figura, me parece estarla viendo todavía.
Imaginaos un hombre de más de setenta años, enjuto de carnes,
de elevada talla y algo encorvado por la edad. Su rostro, surcado
de pocas pero muy hondas arrugas, revelaba la más
austera energía, dulcificada por unos labios bondadosos que
parecían manar persuasión y consuelo. Su grave nariz, sus
ojos de paz, marchitos por los años, y algunos cabellos tan
blancos como la nieve, infundían juntamente reverencia y confianza.
Sólo contemplando la cara de mi buen padre y la de
algunos santos de mi devoción, había yo experimentado hasta
entonces una emoción por aquel estilo.(148)
El sacerdote que acompañaba a Su Santidad era también muy
viejo, y en su semblante, contraído por el dolor y la indignación,
se descubría al hombre de pensamientos profundos y de acción
rápida y decidida. Más parecía un general que un apóstol.
Pero ¿era cierto lo que veíamos? ¿El Pontífice preso, caminando
en el rigor del estío, con todo el ardor del sol, entre
dos groseros gendarmes, sin más comitiva que un sacerdote,
sin otro hospedaje que el portal de una casa de postas, sin otra
almohada que una silla de madera?
En tan extraordinario caso, en tan descomunal atropello, en
tan terrible drama, sólo podía mediar un hombre más extraordinario,
más descomunal, más terrible que cuanto veíamos[48-1]....—El
nombre de NAPOLEÓN circuló por nuestros labios.
¡Napoleón nos tenía también a nosotros en el interior de
Francia! ¡Napoleón había revuelto el Oriente,[48-2] encendido en
guerra nuestra patria, derribado todos los tronos de Europa!—¡Él
debía de ser quien arrancaba al Papa de la Silla de San
Pedro[48-3] y lo paseaba así por el Imperio francés, como el pueblo
judío paseó al Redentor por las calles de la ciudad deicida!
Pero ¿cuál era la suerte del beatísimo prisionero? ¿Qué
había ocurrido en Roma? ¿Había una nueva religión en el
Mediodía de Europa? ¿Era papa Napoleón?
Nada sabíamos..., y, si he de deciros[48-4] la verdad, por lo
que a mí hace,[48-5] todavía no he tenido tiempo de averiguarlo....
—Yo se lo diré a V., por vía de paréntesis, en muy pocas
palabras, Capitán.—Esto completará la historia de V., y dará
toda su importancia a ese peregrino relato.
Notes
(The first figures refer to the original pages of text, and second figures to the reference figures in text).
43-1: creáis a puño cerrado: believe implicitly (lit. with
clenched fists).
43-2: presumo de liberal: I pride myself on being a liberal (and
hence inclined to anti clericalism as well as republicanism).
43-3: ¡cuidado que: take note that.
43-4: Delfinado: Dauphiné, a province in the southeast of France,
bordering on Italy.
43-5: que lo que sea no lo sé: for I don't exactly know what it
is.
44-1: y maldita la falta que me hacía: and little need had I.
Maldito is often used colloquially as a negative word.
44-2: ¡hombre! ¡me gusta!: well! I like that! The vocative
hombre is frequently used to express surprise, expostulation, etc.
Here it is evidently addressed to a mere schoolboy.
44-3: tierra adentro: inland.
44-4: Piamonte: Piedmont, a province of northern Italy.
44-5: que aprendan: cf. note ¡Que... muera, p. 3, 6.
44-6: a ver: let us see. A ver may sometimes be rendered more
freely, as here! look here!
44-7: rendidos: worn out.
44-8: veintisiete: cf. note veintiún, p. 22, 2.
44-9: Gerona: a city of Cataluña (province of northeastern Spain).
It surrendered to the French in 1808, after heroically sustaining a
siege for seven months.
44-10: no creáis: cf. note no seas, p. 6, 7.
44-11: ello es: cf. note ello es, p. 6, 1.
44-12: Perpiñán: Perpignan, a Mediterranean port of France a few
miles from the Spanish frontier.
44-13: Dijon: a large French city, about two hundred miles
southeast of Paris, in the direction of Geneva.
44-14: el por qué: the reason (lit. the wherefore).
44-15: pasaba: allowed.
44-16: sin embargo de: (== a pesar de) in spite of.
44-17: divertidos: cf. note olvidado, p. 31, 1.
44-18: en tanto que: while.
45-1: Prefecto: prefect, the head of a French department,
corresponding in a way to the governor of a state in the United States.
45-2: boletas de alojamiento: billets (tickets directing soldiers
in what house to lodge).
45-3: a la izquierda: cf. note a laderecha, p. 38, 4.
45-4: ventana de reja: grated window.
45-5: diputado á Cortes: deputy, member of the legislative body
(Cortes).
45-6: Almería: city and province on the southern coast of Spain.
45-7: cosa que puede preguntarse: a thing that will bear inquiring
into.
45-8: habrá contado: cf. note no habría andado, p. 8, 6.
45-9: que lo busque: cf. note que... muera, p. 3, 6.
45-10: Le Pape!: (French) the Pope!
45-11: con un palmo de boca abierto: open-mouthed; agape.
45-12: papá abuelo: cf. note papá abuelo, p. 15, 5.
45-13: A ver: cf. note a ver, p. 44, 6.
45-14: Toma: cf. note calla, p. 31, 5.
45-15: ¡Y si está parado!: but it is stopped. Cf. p. 4, line 12
and note.
46-1: Le Pontife: (French): the pontiff, the Pope.
46-2: Oui, monsieur. Le Pape! Pie sept: (French) yes, sir. The
Pope! Pius VII.
46-3: Pío VII: (sétimo or séptimo) cf. note Carlos XII, p.
16, 2. Pius VII was pope 1800-1823.
46-4: En aquel entonces: at that time.
46-5: recibo de contribución: tax receipt.
46-6: sér: used as a noun, is by some accented to distinguish it
from the verb.
47-1: brillaban que era un contento: shone (so) that it was a
delight.
47-2: en cambio: on the other hand.
48-1: que cuanto veíamos: (= que tanto cuanto veíamos): than
everything we saw.
48-2: el Oriente: the reference is to Bonaparte's Egyptian campaign
in 1798. Cf. note batalla de las Pirámides, p. 35, 7.
48-3: Silla de San Pedro: papal throne.
48-4: he de deciros: cf. note había de conocer, p. 3, 4.
48-5: por lo que a mí hace: as far as I am concerned; as for me.
Idiomatic Commentary
(Review 95, 101, 72, 138, 40, 32, 23, 123, 39, 56, 132, 99).
143. Caminaba a pie (cf. 135). — He went on foot.
144. Lo hizo a fin de irritarme. — He did it in order to anger me.
145. Eso no hace al caso. — That is not to the point.
(Review 129, 80, 15, 110, 7, 72, 133, 137, 105).
146. Se fué el año pasado. — He went off last year.
(Review 40, 9, 53, 137, 32, 96).
147. Me dió a entender. — He gave me to understand.
(Review 68, 119, 80, 47, 25, 81, 16).
(Review 27, 119, 47, 59, 80, 98).
148. O algo por el estilo. — Or something of the kind.
(Review 30, 141, 53, 65).
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