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Spanish by Choice/Novelas Cortas 10
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Novelas Cortas: El Extranjero Novelas Cortas 10
Introduction
The short story “El Extranjero” appears in the book “Novelas Cortas” by Pedro Antonio de Alarcón with notes by W.F. Giese. LibriVox recording read by Karen Savage.
Novelas Cortas: El Extranjero Novelascortas 10 alarcon
Text
I
«No consiste la fuerza en echar por tierra[55-1] al enemigo, sino en
domar la propia cólera,»—dice una máxima oriental.
«No abuses de la victoria,»—añade un libro de nuestra
religión.
«Al culpado que cayere debajo de tu jurisdicción, considérale
hombre miserable, sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza
nuestra; y en todo cuanto estuviere de tu parte, sin hacer
agravio a la contraria, muéstratele piadoso y clemente, porque,
aunque los atributos de Dios son todos iguales, más resplandece
y campea, a nuestro ver,(154) el de la misericordia, que el de la justicia,»
aconsejó, en fin, D. Quijote a Sancho Panza.[55-2]
Para dar realce a todas estas elevadísimas doctrinas, y cediendo
también a un espíritu de equidad, nosotros, que nos
complacemos frecuentemente en referir y celebrar los actos
heroicos de los españoles durante la Guerra de la Independencia,[55-3]
y en condenar y maldecir la perfidia y crueldad de los
invasores, vamos a narrar hoy un hecho que, sin entibiar en el
corazón el amor a la patria, fortifica otro sentimiento no menos
sublime y profundamente cristiano:—el amor a nuestro prójimo;—sentimiento
que, si por congénita desventura de la humana
especie, ha de transigir[55-4] con la dura ley de la guerra,
puede y debe resplandecer cuando el enemigo está humillado.
El hecho fué el siguiente, según que[55-5] me lo han contado
personas dignas de entera fe, que intervinieron en él muy de
cerca[55-6] y que todavía andan por el mundo.—Oíd sus palabras
textuales.
II
—Buenos días,(155) abuelo[56-1]...—dije yo.
—Dios guarde a V., señorito...—dijo él.
—¡Muy solo va V. por estos caminos!...
—Sí, señor. Vengo de las minas de Linares,[56-2] donde he estado
trabajando algunos meses, y voy a Gádor[56-3] a ver a mi familia.
—¿Usted irá[56-4]...?
—Voy a Almería[56-5]..., y me he adelantado un poco a la
galera[56-6] porque me gusta disfrutar de estas hermosas mañanas
de Abril.—Pero, si no me engaño, usted rezaba cuando yo
llegue....—Puede V. continuar.—Yo seguiré leyendo entretanto,
supuesto que el escaso andar de esa infame galera le
permite a uno estudiar en mitad de los caminos....
—¡Vamos! Ese libro es alguna historia....—Y ¿quién
le ha dicho a V. que yo rezaba?
—¡Toma! ¡yo, que le he visto a V. quitarse el sombrero[56-7] y
santiguarse!
—Pues ¡qué(156) demonio! hombre.... (¿Por qué he de negarlo?)[56-8]
Rezando iba....—¡Cada uno tiene sus cuentas con
Dios!
—Es mucha verdad.
—¿Piensa V. andar largo?[56-9]
—¿Yo?—Hasta la venta....
—En este caso, eche V. por esa vereda[56-10] y cortaremos
camino.
—Con mucho gusto. Esa cañada me parece deliciosa.—Bajemos
a ella.
Y, siguiendo al viejo, cerré el libro, dejé el camino y descendí
a un pintoresco barranco.
Las verdes tintas y diafanidad del lejano horizonte, así como
la inclinación de las montañas, indicaban ya la proximidad del
Mediterráneo.
Anduvimos en silencio algunos minutos, hasta que el minero
se paró de pronto.
—¡Cabales!—exclamó.
Y volvió a quitarse el sombrero y a santiguarse.
Estábamos bajo unas higueras cubiertas ya de hojas, y a la
orilla de un hermoso torrente.
—¡A ver,[57-1] abuelito!... (dije, sentándome sobre la hierba.)
Cuénteme V. lo que ha pasado aquí.
—¡Cómo! ¿Usted sabe....—replicó él, estremeciéndose.
—Yo no sé más... (añadí con suma calma), sino que aquí
ha muerto un hombre...; ¡y de mala muerte, por más
señas![57-2]
—¡No se equivoca V., señorito, no se equivoca usted!—Pero
¿quién le ha dicho...?
—Me lo dicen sus oraciones de V.
—¡Es mucha verdad! Por eso rezaba.
Miré tenazmente la fisonomía del minero, y comprendí que
había sido siempre hombre honrado.—Casi lloraba, y su rezo
era tranquilo y dulce.
—Siéntese V.[57-3] aquí, amigo mío....—le dije, alargándole
un cigarro de papel.[57-4]
—Pues verá V., señorito....—Vaya,[57-5] ¡muchas gracias!— ¡Delgadillo[57-6]
es!...
—Reúna V. dos, y resultará uno bastante grueso—añadí,
dándole otro cigarro.
—¡Dios se lo pague a V.!—Pues, señor... (dijo el viejo,
sentándose a mi lado): hace cuarenta y cinco años que una
mañana muy parecida a ésta, pasaba yo casi a esta hora por
este mismo sitio....
—¡Cuarenta y cinco años!—medité yo.
Y la melancolía del tiempo cayó sobre mi alma.—¿Dónde
estaban las flores de aquellas cuarenta y cinco primaveras?—¡Sobre
la frente del anciano blanqueaba la nieve de setenta
inviernos!
Viendo él que yo no decía nada, echó unas yescas,[58-1] encendió
el cigarro y continuó de este modo:
—¡Flojillo es![58-2]—Pues, señor, el día que le digo a usted,
venía yo de Gérgal[58-3] con una carga de barrilla, y al llegar al
punto en que hemos dejado el camino para tomar esta vereda,
me encontré con dos soldados españoles que llevaban prisionero
a un polaco.[58-4]—En aquel entonces era cuando estaban aquí los
primeros franceses, no los del año 23,[58-5] sino los otros....
—¡Ya comprendo! Usted habla de la guerra de la
Independencia.
—¡Hombre! ¡Pues entonces no había V. nacido!
—¡Yo lo creo!
—¡Ah, sí! Estará apuntado[58-6] en ese libro que venía V. leyendo.—Pero
¡ca! ¡Lo mejor de estas guerras no lo rezan[58-7]
los libros! ¡Ahí ponen lo que más acomoda..., y la gente
se lo cree a puño cerrado![58-8]—¡Ya(157) se ve! ¡Es necesario tener
tres duros y medio[58-9] de vida, como yo los tendré en el mes de
San Juan,[58-10] para saber más de cuatro cosas!—En fin, el polaco
aquel[58-11] servía a las órdenes de Napoleón...—del bribonazo[58-12]
que murió ya....—Porque ahora dice el señor Cura que hay
otro[58-13]...—Pero yo creo que ése no vendrá por estas tierras....—¿Qué
le parece a(158) V., señorito?
—¿Qué quiere V. que yo le diga?
—¡Es verdad! Su merced no habrá estudiado todavía de
estas cosas....—¡Oh! El señor Cura, que es un sujeto muy
instruido, sabe cuándo se acabarán los mamelucos de Oriente[58-14]
y vendrán a Gádor[58-15] los rusos y moscovitas[58-16] a quitar la
Constitución[58-17]....—Pero ¡entonces ya me habré yo muerto!...—Conque
vuelvo a la historia de mi polaco.
El pobre hombre se había quedado enfermo en Fiñana,[58-18] mientras
que sus compañeros fugitivos se replegaban hacia Almería.—Tenía
calenturas, según supe[58-19] más tarde....—Una vieja
lo cuidaba por caridad, sin reparar que era un enemigo....
(¡Muchos años de gloria llevará[58-20] ya la viejecita por
aquellam buena acción!); y, a pesar de(159) que aquello la comprometía,
guardábalo escondido en su cueva, cerca de la Alcazaba[59-1]....
Allí fué donde, la noche antes, dos soldados españoles, que
iban a reunirse á su batallón, y que por casualidad entraron a
encender un cigarro en el candil[59-2] de aquella solitaria vivienda,
descubrieron al pobre polaco, el cual, echado en un rincón, profería
palabras de su idioma en el delirio de la calentura.
—¡Presentémoslo a nuestro jefe! (se dijeron los españoles).
Este bribón será fusilado mañana, y nosotros alcanzaremos
un empleo.
Iwa, que así se llamaba(160) el polaco, según luego me contó la
viejecita, llevaba[59-3] ya seis meses de tercianas, y estaba muy débil,
muy delgado, casi hético.
La buena mujer lloró y suplicó, protestando que el extranjero
no podía ponerse en camino sin caer muerto a(161) la media
hora[59-4]....
Pero sólo consiguió ser apaleada por su falta de «patriotismo».
—¡Todavía no se me ha olvidado[59-5] esta palabra, que antes no
había oído pronunciar nunca!
En cuanto al[59-6] polaco, figúrese V. cómo miraría[59-7] aquel lance.
—Estaba postrado por la fiebre, y algunas palabras sueltas que
salían de sus labios, medio polacas, medio españolas, hacían reír
a los dos militares.
—¡Cállate, didon,[59-8] perro, gabacho![59-9]—le decían.
Y, a fuerza de golpes, lo sacaron del lecho.
Para no cansar a V., señorito: en aquella disposición, medio
desnudo, hambriento..., bamboleándose, muriéndose...,
¡anduvo el infeliz cinco leguas!...
¡Cinco leguas, señor!...—¿Sabe V. los pasos que tienen
cinco leguas?—Pues es desde Fiñana hasta(162) aquí....—¡Y a
pie!... ¡descalzo!...
¡Piénselo V.!... ¡Un hombre fino, un joven hermoso y
blanco como una mujer, un enfermo, después de seis meses de
tercianas!... ¡y con la terciana en aquel momento mismo!...
—¿Cómo pudo resistir?
—¡Ah! ¡No resistió!...
—Pero ¿cómo anduvo cinco leguas?
—¡Toma! ¡A fuerza de bayonetazos!...
—Prosiga V., abuelo.... Prosiga V.
—Yo venía por este barranco, como tengo de costumbre,[60-1]
para ahorrarme terreno, y ellos iban por allá arriba, por el camino.
Detúveme, pues, aquí mismo, a fin de observar el remate
de aquel horror, mientras fingía picar un cigarro[60-2] negro de los
de entonces....
Iwa jadeaba como un perro próximo a rabiar.... Venía con
la cabeza descubierta, amarillo como un desenterrado, con dos
rosetas encarnadas en lo alto de las mejillas y con los ojos
llameantes, pero caídos...: ¡hecho,[60-3] en fin, un Cristo en la
calle de la Amargura[60-4]!...
—¡Mí querer morir![60-5] ¡Matar a mi, por Dios!—balbuceaba
el extranjero con las manos cruzadas.
Los españoles se reían de aquellos disparates, y le llamaban
franchute,[60-6] didon y otras cosas.
Dobláronse al fin las piernas de Iwa, y cayó redondo[60-7] al
suelo.
Yo respiré, porque creí que el pobre había dado su alma a
Dios.
Pero un pinchazo que recibió en un hombro le hizo erguirse
de nuevo.
Entonces se acercó a este barranco para precipitarse y
morir....
Al impedirlo los soldados, pues no les acomodaba que
muriera su prisionero, me vieron aquí con mi mulo, que, como
he dicho, estaba cargado de barrilla.
—¡Eh, camarada! (me dijeron, apuntándome con los
fusiles.)—¡Suba V ese mulo![60-8]
Yo obedecí sin rechistar, creyendo hacer un favor al extranjero.
—¿Dónde va V.?[61-1]—me preguntaron cuando hube subido.
—Voy a Almería.... (les respondí). ¡Y eso que ustedes
están haciendo es una inhumanidad!
—¡Fuera sermones!—gritó uno de los verdugos.
—¡Un arriero afrancesado!—dijo el otro.
—¡Charla mucho..., y verás lo que te sucede!
La culata de un fusil cayó sobre mi pecho....
¡Era la primera vez que me pegaba un hombre, fuera de mi
padre!
—¡No irritar, no incomodar!—exclamó el polaco, asiéndose(163)
a mis pies; pues había caído de nuevo en tierra.
—¡Descarga la barrilla!—me dijeron los soldados.
—¿Para qué?
—Para montar en el mulo a este judío.[61-2]
—Eso es otra cosa.... Lo haré con mucho gusto.
Dije, y me puse a descargar.
—No..., no..., no.... (exclamó Iwa.) ¡Tú dejar
que me maten!
—¡Yo no quiero que te maten, desgraciado!—exclamé,
estrechando las ardientes manos del joven.
—¡Pero mí sí querer! ¡Matar tú a mí, por Dios!...
—¿Quieres que yo te mate?
—¡Sí..., sí..., hombre bueno! ¡Sufrir mucho!
Mis ojos se llenaron de lágrimas.
Volvíme a los soldados, y les dije con tono de voz que hubiera
conmovido a una piedra:
—¡Españoles, compatriotas, hermanos! Otro[61-3] español, que
ama tanto como el que más[61-4] a nuestra patria, es quien os suplica.
—¡Dejadme solo con este hombre!
—¡No digo que es afrancesado!—exclamó uno de ellos.
—¡Arriero del diablo! (dijo el otro): ¡cuidado con lo que
me dices![61-5] ¡Mira que te rompo la crisma![61-6]
—¡Militar de los demonios! (contesté con la misma fuerza.)
Yo no temo a la muerte.[61-7]—¡Sois dos infames sin corazón!
¡Sois dos hombres fuertes y armados, contra un moribundo
inerme!... ¡Sois unos cobardes!—Dadme uno de esos
fusiles, y pelearé con vosotros hasta mataros o morir...; pero
dejad a este pobre enfermo, que no puede defenderse.—¡Ay!
(continué, viendo que uno de aquellos tigres se ruborizaba): si,
como yo, tuvieseis hijos; si pensarais que tal vez mañana se verán
en la tierra de este infeliz, en la misma situación que él,
solos, moribundos, lejos de sus padres; si reflexionarais en[62-1] que
este polaco no sabe siquiera lo que hace en España; en que
será un quinto[62-2] robado a su familia para servir a la ambición de
un Rey..., ¡qué diablo![62-3] vosotros le perdonaríais....— ¡Si;
porque vosotros sois hombres antes que españoles, y este polaco
es un hombre, un hermano vuestro!—¿Qué ganará España
con la muerte de un tercianario? ¡Batíos[62-4] hasta morir con
todos los granaderos de Napoleón; pero que sea[62-5] en el campo
de batalla! Y perdonad al débil; ¡sed generosos con el vencido;
sed cristianos, no seáis[62-6] verdugos!
—¡Basta de letanías![62-7]—dijo el que siempre había llevado
la iniciativa de la crueldad, el que hacía andar a Iwa a fuerza
de bayonetazos, el que quería comprar un empleo al precio de
su cadáver.
—Compañero, ¿qué hacemos?[62-8]—preguntó el otro, medio
conmovido con mis palabras.
—¡Es muy sencillo! (repuso el primero.) ¡Mira!
Y sin darme tiempo, no digo de evitar, sino de prever sus
movimientos, descerrajó un tiro sobre el corazón del polaco.
Iwa me miró con ternura, no sé si antes o después de morir.
Aquella mirada me prometió el cielo, donde acaso estaba ya
el mártir.
En seguida los soldados me dieron una paliza con las baquetas
de los fusiles.
El que había matado al extranjero, le cortó una oreja, que
guardó en el bolsillo.
¡Era la credencial del empleo que deseaba!
Después desnudó a Iwa, y le robó... hasta cierto medallón
(con un retrato de mujer o de santa) que llevaba al cuello.
Entonces se alejaron hacia Almería.
Yo enterré a Iwa en este barranco..., ahí..., donde
está V. sentado..., y me volví a Gérgal, porque conocí que
estaba malo.[63-1]
Y, con efecto, aquel lance me costó una terrible enfermedad,
que me puso a las puertas de la muerte.
—Y ¿no volvió V. a ver a aquellos soldados? ¿No sabe V.
cómo se llamaban?
—No, señor; pero, por las señas que me dió más tarde la
viejecita que cuidó al polaco, supe[63-2] que uno de los dos españoles
tenía el apodo de Risas, y que aquél era justamente el
que había matado y robado al pobre extranjero.
En esto nos alcanzó la galera: el viejo y yo subimos al
camino; nos apretamos la mano, y nos despedimos muy contentos
el uno del otro.— ¡Habíamos llorado juntos!
III
Tres noches después tomábamos café varios amigos en el
precioso casino de Almería.
Cerca de nosotros, y alrededor de otra mesa, se hallaban dos
viejos, militares retirados, Comandante el uno y Coronel el otro,
según dijo alguno que los conocía.
A pesar nuestro,(164) oíamos su conversación, pues hablaban tan
alto como suelen los que han mandado mucho.
De pronto hirió mis oídos y llamó mi atención esta frase del
Coronel:
—El pobre Risas....
—¡Risas!—exclamé para mí.
Y me puse a escuchar de intento.
—El pobre Risas... (decía el Coronel) fué hecho prisionero
por los franceses cuando tomaron a Málaga, y, de depósito
en(165) depósito, fué a parar nada menos que a Suecia,[64-1] donde yo
estaba también cautivo, como todos los que no pudimos escaparnos
con el Marqués de la Romana.[64-2]—Allí lo conocí, porque
intimó con Juan, mi asistente de toda la vida, o de toda mi
carrera; y cuando Napoleón tuvo la crueldad de llevar a Rusia,
formando parte de su Grande Ejército, a todos los españoles
que estábamos prisioneros en su poder, tomé de ordenanza a
Risas.[64-3] Entonces me enteré de que tenía un miedo cerval[64-4] a
los polacos, o un terror supersticioso a Polonia,[64-5] pues no hacía
más que preguntarnos a Juan y a mi «si tendríamos que pasar
por aquella tierra para ir a Rusia,» estremeciéndose a la idea
de que tal[64-6] llegase a acontecer.—Indudablemente, a aquel
hombre, cuya cabeza no estaba muy firme por lo mucho que
había abusado de las bebidas espirituosas,[64-7] pero que en lo
demás era un buen soldado y un mediano cocinero, le había
ocurrido algo grave con algún polaco, ora[64-8] en la guerra de
España,[64-9] ora en su larga peregrinación por otras naciones.—Llegados
a Varsovia,[64-10] donde nos detuvimos algunos días, Risas
se puso gravemente enfermo, de fiebre cerebral, por resultas
del terror pánico que le había acometido desde que entramos
en tierra polonesa; y yo, que le tenía ya cierto cariño, no quise
dejarlo allí solo cuando recibimos la orden de marcha, sino que
conseguí de mis Jefes que Juan se quedase en Varsovia cuidándolo,
sin perjuicio de que,[64-11] resuelta aquella crisis de un modo
o de otro, saliese luego en mi busca con algún convoy de
equipajes y víveres, de los muchos que seguirían a la nube de
gente en que mi regimiento figuraba a vanguardia.—¡Cuál
fué, pues, mi sorpresa cuando, el mismo día que nos pusimos
en camino, y a las pocas horas de haber echado a andar,[64-12] se
me presentó mi antiguo asistente lleno de terror, y me dijo lo
que acababa de suceder con el pobre Risas!—¡Dígole a V.
que el caso es de lo más singular[64-13] y estupendo que haya ocurrido
nunca!—Óigame, y verá si hay motivo para que yo no
haya olvidado esta historia en cuarenta y dos años.—Juan
había buscado un buen alojamiento para cuidar a Risas, en
casa de cierta labradora viuda, con tres hijas casaderas, que
desde que llegamos a Varsovia los españoles no había dejado
de preguntarnos a varios, por medio de intérpretes franceses,
si sabíamos algo de un hijo suyo llamado Iwa, que vino a la
guerra de España en 1808, y de quien hacía tres años no tenía
noticia alguna, cosa que no pasaba a las demás familias que se
hallaban en idéntico caso.—Como Juan era tan zalamero,
halló modo de consolar y esperanzar a aquella triste madre, y
de aquí[65-1] el que, en recompensa, ella se brindara[65-2] a cuidar a
Risas al verlo caer en su presencia atacado de una fiebre
cerebral...—Llegados a casa de la buena mujer, y cuando ésta
ayudaba a desnudar al enfermo, Juan la vió palidecer de pronto
y apoderarse convulsivamente de cierto medallón de plata, con
una efigie o retrato en miniatura, que Risas llevaba siempre al
pecho, bajo la ropa, a modo de talismán o conjuro contra los
polacos, por creer[65-3] que representaba a una Virgen o Santa de
aquel país.—¡Iwa! ¡Iwa!—gritó después la viuda de un
modo horrible, sacudiendo al enfermo, que nada entendía,
aletargado como estaba por la fiebre.—En esto acudieron las
hijas; y, enteradas del caso, cogieron el medallón, lo pusieron
al lado del rostro de su madre, llamando por medio de señas la
atención de Juan para que viese, como vió, que la tal efigie[65-4]
no era más que el retrato de aquella mujer, y, encarándose
entonces con él, visto que su compatriota no podía responderles,
comenzaron a interrogarle mil cosas con palabras ininteligibles,
bien que con gestos y ademanes que revelaban claramente la
más siniestra furia.—Juan se encogió de hombros, dando a
entender por señas que él no sabía nada de la procedencia de
aquel retrato, ni conocía a Risas más que de muy poco
tiempo....—Elnoble semblante de mi honradísimo asistente debió
de probar[65-5] a aquellas cuatro leonas encolerizadas que el pobre
no era culpable....—¡Además, él no llevaba el medallón!—Pero
el otro... ¡al otro, al pobre Risas, lo mataron a
golpes y lo hicieron pedazos con las uñas!—Es cuanto(166) sé[66-1]
con relación a este drama, pues nunca he podido averiguar por
qué tenía Risas aquel retrato.
—Permítame V. que se lo cuente yo....—dije sin poder
contenerme.
Y acercándome a la mesa del Coronel y del Comandante,
después de ser presentado a ellos por mis amigos, les referí a
todos la espantosa narración del minero.
Luego que concluí, el Comandante, hombre de más de
setenta años, exclamó con la fe sencilla de un militar antiguo,
con el arranque de un buen español y con toda la autoridad de
sus canas:
—¡Vive Dios, señores, que[66-2] en todo eso hay algo más que
una casualidad!
Almería, 1854.
Notes
(The first figures refer to the original pages of text, and second figures to the reference figures in text).
55-1: echar por tierra: throw to the ground.
55-2: Don Quijote, Sancho Panza: the would-be knight errant and his
squire, the chief figures of Cervantes' immortal story of Don Quixote,
published in 1605. The passage is from part II, cap. XLII, sub fine.
55-3: Guerra de la Independencia: (1808-1814): the war waged
against Napoleon, who invaded Spain in 1808.
55-4: ha de transigir: must compromise. Cf. note había de
conocer, p. 3, 4.
55-5: según que: nearly always según is followed by the verb
without the intervening que.
55-6: muy de cerca: very intimately.
56-1: abuelo: cf. note papá abuelo, p. 15, 5.
56-2: Linares: mining town near Almería.
56-3: Gádor: mining town near Almería.
56-4: Usted irá: and you are going—
56-5: Almería: cf. note p. 45, 6.
56-6: a la galera: beyond the wagon.
56-7: quitarse el sombrero: cf. note se la, p. 4, 6.
56-8: ¿Por qué he de negarlo?: why should I deny it? Cf. note
había de conocer, p. 3, 4.
56-9: andar largo: to go far.
56-10: eche V. por esa vereda: strike into that path.
57-1: A ver: cf. note a ver, p. 44, 6.
57-2: por más señas: what is more (a formula used in citing an
additional circumstance, detail, or argument).
57-3: Siéntese V.: observe that this form may come from sentar as
well as from sentir.
57-4: cigarro de papel: cigarette.
57-5: Vaya: cf. note ¡calla! p. 31, 5.
57-6: Delgadillo: pretty thin.
58-1: echó unas yescas: struck a light (yesca, tinder).
58-2: Flojillo es: it (the cigar) is pretty thin.
58-3: Gérgal: town of southern Spain, near Almería.
58-4: un polaco: many Poles served under Napoleon. It was expected
that he would restore Poland to a place among the nations. It had been
partitioned between Russia, Austria, and Germany in the latter part of
the eighteenth century.
58-5: año 23: cf. p. 51 and note on Fernando VII, p. 51, 7.
58-6: Estará apuntado: cf. note no habría andado, p. 8, 6.
58-7: rezan: (lit. pray) tell, recount (colloquialism).
58-8: se lo cree a puño cerrado: cf. notes lo que me digo, p. 7,
5, and creáis, etc., p. 43, 1.
58-9: tres duros y medio: a humorous expression, duro (dollar)
equal to 20 reales, being used for score.
58-10: mes de San Juan: i.e. June.
58-11: el polaco aquel: (colloquial) that Pole.
58-12: bribonazo: great rogue. The ending azo is often merely
augmentative. Cf. also note pistoletazo, p. 18, 3.
58-13: otro: Napoleon III, emperor of France (1852-1870).
58-14: mamelucos de Oriente: The Mamelukes were a body of militia,
operating in Egypt, under Turkish command. The curate apparently regards
the Turks as a necessary barrier for preventing the Russians from
overflowing Occidental Europe. Some commentators have succeeded in
finding this calamity foretold in the Book of Revelation.
58-15: Gádor: cf. note Gádor, p. 56, 3.
58-16: rusos y moscovitas: These words are synonymous.
58-17: Constitución: most of the political activity of Spain,
during the nineteenth century, was expended on the creation and
maintenance of a constitution, in spite of domestic opposition, and even
of foreign intervention. Cf. note Fernando VII, p. 51, 7.
58-18: Fiñana: a town near Almería. Cf. note p. 45, 6.
58-19: según supe: cf. note según que, p. 55, 5; cf. also note
supe, p. 63, 2.
58-20: llevará: must have passed (i.e. in Paradise). Cf. note
llevarían, p. 6, 2, and note no habría andado, p. 8, 6.
59-1: Alcazaba: the cerro de Alcazaba, a peak of the Sierra
Nevada range, about halfway between the cities of Granada (note 1, 2)
and Almería.
59-2: candil: an iron kitchen lamp attachable to the wall.
59-3: llevaba: cf. note llevarían, p. 6, 2.
59-4: a la media hora: after half an hour.
59-5: se me ha olvidado: cf. note, p. 51, 3.
59-6: en cuanto a: as regards.
59-7: cómo miraría: how he must have viewed.
59-8: didon: a term used as an insulting equivalent for
Frenchman, derived from dis done (say!) so frequent in colloquial
French.
59-9: gabacho: used as a synonym of the preceding. Properly, it is
applied to natives of the Pyrenean frontier towns, whose dialect is full
of French elements—hence the extension of the term.
60-1: tengo de costumbre: I am accustomed.
60-2: picar un cigarro: crumble the tobacco for making a
cigarette.
60-3: caídos: sunken; hecho: transformed into.
60-4: calle de la Amargura: cf. note, p. 52, 4.
60-5: Mí querer morir: The speech of the Pole is ungrammatical, and
his verbs are all in the infinitive.
60-6: franchute: a contemptuous term, synonymous with Frenchman.
60-7: cayó redondo: cf. note, p. 9, 3.
60-8: ¡Suba V. ese mulo!: fetch up that mule.
61-1: ¿Dónde va V.?: Properly dónde is used after verbs of rest,
and adónde after verbs of motion.
61-2: judío: cf. note Por judío, p. 33, 11.
61-3: Otro: cf. note a otro, p. 10, 1.
61-4: el que más: (sc. ama).
61-5: cuidado con lo que me dices: be careful what you say to
me.
61-6: rompo la crisma: cf. note me matan, p. 3, 1. crisma:
(lit. chrism, holy oil used in the sacrament of baptism) head.
61-7: a la muerte: muerte, being personified, takes the
preposition a. Cf. lines 26 and 28 above.
62-1: si reflexionarais en que: if you think of (the fact) that.
Verbs of thinking are followed by the preposition en.
62-2: será un quinto: is probably a conscript. Cf. note no
habría andado, p. 8, 6.
62-3: ¡que diablo!: why, surely! The expression has the value of
a mere interjection.
62-4: Batíos: cf. note llevaos, p. 30, 5.
62-5: que sea: cf. note ¡Que muera! p. 3, 6.
62-6: no seáis: cf. note no seas, p. 6, 7.
62-7: ¡Basta de letanías!: enough of talk, or moralizing! (lit.
litanies).
62-8: ¿qué hacemos?: cf. note me matan, p. 3, 1.
63-1: estaba malo: I was sick. Note the different value of ser
malo, to be bad, wicked.
63-2: supe: I learned (a frequent value of the preterite of
saber).
64-1: fué a parar nada menos que a Suecia: drifted into no less
remote a place than Sweden.
64-2: Marqués de la Romana: a Spanish patriot and general, whom
Napoleon sent with 15,000 Spaniards to Denmark. When Spain clashed with
Napoleon (1808) he reëmbarked most of his troops and returned to fight
against him.
64-3: tomé de ordenanza a Risas: I took Risas along as my
orderly.
64-4: miedo cerval: mortal fear (cerval, adj. from ciervo,
deer, stag).
64-5: Polonia: Poland.
64-6: tal: is occasionally used for tal cosa, i.e. as a sort of
neuter. Cf. note ni es tal tierra, p. 68, 1.
64-7: espirituosas: cf. note estupefacto, p. 9, 1.
64-8: ora... ora: either... or.
64-9: guerra de España: cf. note Guerra de la Independencia, p.
55, 3.
64-10: Varsovia: Warsaw, the largest city and former capital of
Poland.
64-11: sin perjuicio de que... saliese: without preventing his
setting out.
64-12: a las pocas horas de haber echado a andar: a few hours
after starting. Cf. note a la media hora, p. 59, 4. Echar a,
followed by an infinitive, means to begin, to set about. Hence echar a
andar, to begin to march or go, etc.
64-13: de lo más singular: an idiomatic substitution of the
singular for the plural.
65-1: aquí: after de aquí (hence) supply some verb like
resultó.
65-2: el que... ella se brindara: que ella se brindara is
treated as a substantive clause, which el precedes as it would a mere
noun.
65-3: por creer: because he believed.
65-4: la tal efigie: (familiar style) this (same) portrait.
65-5: debió de probar: must have proved. Cf. Idiomatic
Commentary, 59.
66-1: Es cuanto sé: cf. note que cuanto veíamos, p. 48, 1.
66-2: Vive Dios que: as God lives. Cf. note como que no, p. 14,
1.
Idiomatic Commentary
154. A mi ver es así. — In my opinion it is thus.
(Review 16, 99, 88, 150).
155. Buenas noches. — Good night!
156. ¡Qué diablo! (cf. note 62, 3). — Zounds! The deuce!
(Review 50, 12, 52, 6).
(Review 47, 15, 119, 99).
157. Ya ve V. (cf. 120). — Now you see.
N.B. Ya is often merely emphatic.
158. ¿Qué le parece a V. eso? — How does that strike you?
(Review 101, 32, 53, 137, 38, 143, 83).
159. A pesar de esto. — In spite of this.
160. Me llamo Juan. — My name is John.
161. Volvió a los ocho días (cf. 49). — He returned after a week.
162. Anduvo desde Madrid hasta París. — He walked from Madrid as far as Paris.
(Review 38, 29, 112, 53).
(Review 16, 31).
163. Se asió de mi mano. — He seized my hand.
(Review 103, 41, 7, 53, 83, 22).
(Review 12, 160, 133, 101, 61, 35, 50, 31).
164. A pesar nuestro, lo oímos (cf. 159). — In spite of ourselves, we heard it.
165. De cuando en cuando. — From time to time.
(Review 66, 23, 5, 161, 8, 57).
(Review 18, 6, 23, 53, 50, 133, 147, 59, 65).
(Review 136, 30, 83, 62, 119).
166. Es cuanto tengo. — That is all I have.
(Review 29, 6, 28, 35, 9, 47).
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